La esquina de Estanislao del Campo y Vogel, en la zona de Rafael Castillo, partido de La Matanza, se convirtió recientemente en el escenario de un episodio que reproduce las características propias del crimen organizado. Un grupo de agresores que viajaba a bordo de un vehículo de color gris redujo la marcha justo en esa intersección y disparó sin advertencia ni contemplación contra un joven del barrio, quien resultó gravemente herido tras recibir una descarga de armas de fuego a quemarropa, quedando al borde de la muerte.
Hasta el momento, la justicia ha caratulado el hecho como una presunta venganza o ajuste de cuentas entre bandas rivales delictivas. Sin embargo, los vecinos que conviven diariamente con la inseguridad en la zona sostienen que el trasfondo del ataque es mucho más profundo y se relaciona directamente con la impunidad con la que funciona el menudeo de estupefacientes en el mismo lugar, a escasos metros del sitio donde se produjo el tiroteo —un espacio que los propios residentes identifican como un "búnker" o "cueva" de venta de drogas, denunciado reiteradamente ante las autoridades sin respuestas concretas.
La indignación social no tardó en manifestarse con fuerza. Los habitantes del barrio aseguran además que la víctima del ataque padece problemas de adicción, y denuncian que las fuerzas de seguridad conocen perfectamente la existencia y el funcionamiento del centro de venta de drogas en esa esquina. Llegaron incluso a señalar que los patrulleros circulan por la zona no para brindar protección ni desmantelar el punto de venta, sino para cobrar presuntas coimas a quienes manejan el negocio ilícito.
A días del hecho, no hay personas detenidas ni pistas firmes sobre el paradero de los autores de los disparos. Mientras tanto, la comunidad de Rafael Castillo expresa sentirse acorralada en medio de una guerra por el control territorial del negocio de drogas, con la sensación de que las autoridades miran hacia otro lado mientras la violencia se recrudece en sus calles.
