El gobierno de Javier Milei enfrenta una nueva disyuntiva geopolítica y financiera: acceder a una línea de crédito del Tesoro de los Estados Unidos por hasta USD 18.000 millones, a cambio de romper algunos de sus principales vínculos económicos con China. La administración de Donald Trump, que retomó el control de la Casa Blanca este año, impuso una serie de condiciones a la Argentina que impactan directamente en su política exterior y en la estrategia del Banco Central para sostener las reservas.
La más significativa de estas exigencias es la cancelación del swap de monedas vigente con China, un acuerdo que se renovó en 2024 y que mantiene activados USD 5.000 millones desde 2023. El swap ha sido utilizado por gestiones anteriores —incluidas las de Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa— para pagar importaciones chinas en yuanes en un contexto de escasez de divisas.
Para Washington, sin embargo, este tipo de convenios representan un riesgo para la soberanía de los países aliados y una amenaza a la hegemonía del dólar a nivel global. En este sentido, Trump fue categórico: cualquier vínculo financiero de largo plazo con Pekín es incompatible con un alineamiento estratégico con Estados Unidos.
Según fuentes cercanas a las negociaciones, una de las opciones planteadas es que los fondos frescos del Tesoro norteamericano se utilicen para reemplazar directamente el swap chino, además de cubrir los vencimientos de deuda externa previstos para 2026. La cifra total estimada ronda los USD 18.000 millones, lo que reforzaría las reservas del Banco Central y daría aire a la gestión de Milei en un año clave para consolidar su plan económico.
No obstante, aceptar esta propuesta implicaría un giro diplomático profundo, dejando atrás el pragmatismo comercial que caracterizó a administraciones anteriores.
Las exigencias de Washington no se limitan al aspecto financiero. También abarcan la participación china en infraestructura crítica. Entre los proyectos que Estados Unidos busca frenar o excluir figuran:
- Las represas hidroeléctricas en Santa Cruz.
- El despliegue de la red 5G.
- La participación en la Hidrovía Paraná-Paraguay.
- El desarrollo de centrales nucleares en territorio argentino.
Además, el gobierno estadounidense observa con preocupación las inversiones chinas en sectores estratégicos como el litio. En este contexto, el único proyecto rechazado públicamente hasta ahora en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) fue el de la minera Ganfeng Lithium, que buscaba asegurar una inversión de USD 2.000 millones.
Pese a estos rechazos puntuales, el RIGI es bien recibido por empresas occidentales, en especial aquellas vinculadas a la minería. Washington sigue de cerca el avance de firmas como Glencore y Rio Tinto, con proyectos de litio y cobre en San Juan, Catamarca y Salta. Para la Casa Blanca, estas inversiones son clave para garantizar el acceso a minerales críticos en un contexto internacional marcado por la tensión creciente con el régimen de Xi Jinping.
El dilema que enfrenta Milei es claro: aceptar los fondos norteamericanos implica alinearse plenamente con la estrategia occidental, lo que podría traer consecuencias en la relación comercial con China, uno de los principales socios de la Argentina. Sin embargo, el respaldo de Washington también ofrecería un respaldo político y financiero crucial en un escenario económico todavía frágil.
Mientras tanto, la Casa Rosada evalúa los costos y beneficios de ceder terreno en su política exterior a cambio de aire financiero, en un tablero donde la disputa entre potencias ya dejó de ser teórica para convertirse en una realidad con impacto directo en la economía local.







